Hemos sustituido el asombro de los niños por las pantallas

Por Gema Eizaguirre (entrevista publicada en la Revista Padres y Colegios, número de Junio)

Texto de la entrevista:

Conferencias como Asombro y Belleza en la Educación y libros como Educar en el asombro (Ed. Plataforma) han llevado a esta canadiense licenciada en Derecho a acaparar la atención de millones de padres y profesores. Su blog apegoasombro.blogspot.com.es y más de 40 conferencias en colegios al año avalan la importancia de sus reflexiones e ideas sobre el poder del asombro como parte del aprendizaje de los niños.


-Acaba de reeditar su libro Educar en el asombro, ¿en qué consiste esa forma de aprendizaje?
-El asombro es el deseo de conocer, es no dar el mundo por supuesto. Los niños se asombran al ver el mundo que les rodea, agradecen lo que descubren, lo que ven, eso es lo que suscita en ellos tantos porqués. El asombro es el motor del aprendizaje.

-¿Qué papel juega la estimulación en todo esto?
-Llevamos años pensando que cuantos más estímulos, mejor. Pero en realidad la neurociencia nos dice que es todo lo contrario. Dan Siegel, neurobiólogo y psiquiatra, dice que no hay necesidad de bombardear a niños con una estimulación sensorial excesiva con la esperanza de construir mejores cerebros. De hecho, varios estudios están asociando el exceso de estímulos con problemas de aprendizaje. Mi hipótesis es que si un niño está rodeado de estímulos que no se ajustan a sus ritmos y a su orden interior, entonces pierde ese asombro y pasa de aprender desde dentro hacía fuera, a esperar que le entretengan desde fuera hacía dentro.

-Muchos padres siguen el camino de la superestimulación.
Hemos sustituido el asombro de nuestros hijos por las pantallas, los chiquiparks, los libros que hablan, los videojuegos, los DVD educativos, etcétera. En realidad, los niños pequeños necesitan muy poco para aprender. Necesitan más tiempo con sus padres, mirar el viento en las hojas, sentir el césped, observar el rojo de una manzana… Necesitan que les rodeemos de cosas reales y bellas.

-¿Ponga algunos ejercicios que los padres puedan potenciar el asombro de sus hijos?
¡Nada de ejercicios! Justamente, la buena noticia es que los padres no somos animadores de ludoteca, y tampoco hemos de formarnos en técnicas. Hemos de recuperar esa sensibilidad que llevamos dentro como primeros educadores de nuestros hijos. Debemos recuperar el sentido de competencia de que somos capaces de educarles sin tanto montaje.

-¿Basta el sentido común?
Se trata de reconectar con la verdad de la naturaleza de nuestros hijos.¿Cómo es un niño? ¿Cómo aprende? ¿Por qué hace preguntas? ¿Cuál es su ritmo? Hemos de observarles, escucharles; y entonces se nos ocurrirán las respuestas sobre lo que hemos de hacer. El asombro es algo natural en el niño, no se trata de in- culcarlo, sino de respetarlo.

-Parece algo natural a la vez que rompedor.
-Soy consciente de que el planteamiento es rompedor, casi es un escándalo para muchos de los colegios porque rompe con el estatus quo de muchos paradigmas. También porque es anticomercial, cuestiona muchas industrias que han influido en la Educación, pero sin ninguna base científica. Eso ha ocurrido con los supuestos videojuegos educativos, con los vendedores de estimulación temprana que todavía triunfan vendiendo neuromitos, y está pasando ahora mismo con las empresas tecnológicas. Si seguimos a este paso, en pocos años, las empresas tecnológicas van a mandar sobre los contenidos educativos de nuestros colegios.

-¿Siempre hay que responder a las preguntas de los niños?
-Siempre nos han dicho que teníamos que hacerlo. Eso es suponer que nosotros los adultos tenemos las respuestas a todo. ¿Podemos responder a esta pregunta: “¿Mamá, cuantas estrellas hay y por qué hay tantas?”? Claro que no. ¿Pero qué ocurre si le devolvemos la pregunta al niño: “Y tu, que crees?”? Ocurre algo en lo que sueña todo el sistema educativo, algo grande: el niño se pone en marcha a pensar por si solo. Los niños son pequeños filósofos, y tienen una afinidad muy especial con el misterio. Estas son las cualidades que hemos de fomentar en ellos, no las del conocimiento enciclopédico y de manejar el ratón para encontrar respuestas hechas en Wikipedia.

-En su blog conviven padres y profesores. Un tándem de difícil combinación aunque condenados a entenderse.
-Ha sido una grata sorpresa ver que la Educación en el asombro despertaba el mismo interés en los padres que en los maestros. Los padres son los primeros educadores de sus hijos; por eso, pienso que los mejores pedagogos son los que reconocen el papel de los padres. ¿Por qué hay tensión entre padres y profesores? Porque vivimos en un sistema que no nos permite escoger el proyecto educativo que nos parece mejor para nuestros hijos, y entonces forzamos a convivir a maestros y padres que no necesariamente comparten los mismos planteamientos. Eso no es bueno para los niños porque han de ver coherencia. Hay que fomentar la diversidad en la oferta educativa, y esta tiene que ser asequible a todos, al margen de su condición económica, clase social y opción política.

-Esa diversidad idiomática, cultural… que conviven en las aulas ¿puede aprovecharse a favor del aprendizaje?
-La diversidad es muy buena, porque educa a los niños para la vida. La vida es así. La diversidad educa en la paciencia, en la compasión, en la comprensión, en la aceptación, en el agradecimiento… Hoy por hoy, pienso que el principal obstáculo para el aprendizaje en las aulas es el ratio de 25 niños por aula (elevada actualmente hasta los 30 niños por clase). En esas circunstancias, puede que la diversidad se convierta en un obstáculo.

-¿Cree que los gobiernos cambiarán estos planteamientos?
-Me encantaría poder sentarme con las personas que deciden para comentar todos esos temas. La clave de muchos de los problemas que preocupan a nuestros políticos (fracaso escolar, cultura del esfuerzo, paro, conciliación, etc.) tienen una clave de lectura en la etapa de la Educación Infantil, específicamente en la educación en el asombro. ¿Cómo vamos a conseguir empresas creativas y competitivas con un sistema educativo que no reconoce el pequeño “inventor” y “emprendedor” que hay en cada niño?

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