Las incongruencias pedagógicas de la era digital

Por Javier Laspalas
Profesor, Facultad de Educación y Psicología, Universidad de Navarra
 
Pocos fenómenos culturales han cobrado fuerza con tanta rapidez e intensidad como la penetración en los más variados ámbitos de la vida cotidiana de las tecnologías de la comunicación. Durante los últimos años, a raíz de la generalización de los dispositivos móviles y las llamadas redes sociales, podría decirse, hasta cierto punto, que la presión ambiental se ha vuelto agobiante.
 
Siendo la escuela un enorme mercado potencial, es lógico que las grandes empresas hayan intentado introducir en ella sus productos. Ahora bien, sucede que estos no han sido diseñados para educar, ni siquiera para enseñar, sino simplemente para facilitar la transmisión de la información. Por eso, me parece muy preocupante la ‘colonización’ digital de las instituciones docentes, ya que se sabe muy poco sobre los efectos que puede tener en la formación de los alumnos.
 
Por otra parte, hay razones para desconfiar de lo que se nos intenta presentar como una nueva revolución educativa, que podría fracasar, como otras precedentes. Veamos algunas de ellas:
 
  • Si la informática fuera tan poderosa como se nos dice, el rendimiento de los alumnos debería haber mejorado espectacularmente desde que se inventó. No parece que diversos estudios, como PISA, avalen esa tesis. Deberíamos, pues, al menos, admitir que todavía no sabemos utilizarla con un mínimo de eficacia.
  • Según PISA, en los países desarrollados, la variable más relacionada con el rendimiento académico, muy por encima de otras, como el nivel económico o cultural, es el número de libros que posee una familia. A pesar de ello, en ciertos colegios parece darse escasa importancia a los materiales impresos. 
  • Algunos psicólogos cognitivos sostienen que el pensamiento abstracto surgió y se desarrolló en Occidente gracias a la acumulación de un repertorio de textos complejos que se empezaron a explicar en las escuelas. Tengo serias dudas de que, ante un ordenador, sea posible desarrollar habilidades mentales superiores, a no ser que previamente se hayan adquirido mediante la lectura y la escritura. 
  • Lo anterior, está muy vinculado con el hecho que, en el hombre, el pensamiento y el lenguaje no pueden disociarse. De hecho, las mejores herramientas con que contamos para formar la mente son la lectura y la escritura. Nadie comprende algo hasta que es capaz de explicar en forma inteligible, pero la obsesión por la tecnología nos puede llevar a ignorar esta realidad y preferir actividades mucho menos relevantes y eficaces que el dominio de la lengua.
  • Puesto que los niños y los jóvenes tienen muy arraigado el hábito de usar los aparatos electrónicos para jugar, no veo fácil que los asocien con el aprendizaje y el estudio. Tengo la impresión de que, a pesar de las dificultades, sería más práctico intentar atraerlos hacia la lectura.
  • Dado que gran parte de los profesores, en razón de su edad, tienen un dominio limitado de la informática, no se entiende bien cómo van hacer uso de ella, en particular ante niños y jóvenes que les llevan mucha ventaja. No creo que eso vaya a ser muy beneficioso para su prestigio y autoridad.
  • A la vista de la rapidez con la que cambia la tecnología, no parece muy sensato insistir tanto en que los alumnos deben dominarla. Puede que, como sucede en la formación profesional, cuando lleguen al mercado de trabajo esté ya obsoleta.
  • Numerosos filósofos e historiadores han creído que lo esencial en la educación es el descubrimiento de la propia identidad, que tiene lugar en la soledad y la intimidad, y también a través de la lectura. Sospecho que cultura de la imagen y, en particular las redes sociales, nos están llevando cada vez más a vivir en la superficialidad de nosotros mismos.
  • En razón de lo anterior, las tecnologías de la información, al colonizar nuestra vida privada, tienden a suprimir las barreras que nos permiten descubrir quiénes somos, y nos pueden hacer esclavos de las opiniones y las modas que otros intentan vendernos.
  • Por último, parece imposible que, quien no se conoce a sí mismo, puesto sólo piensa en estar en contacto con otros, pueda llegar a comunicarse realmente con ellos. Tanto el amor como la amistad exigen un cierto distanciamiento que nos permite reconocer al otro como un ser diferente, aunque también semejante. De lo contrario, el diálogo se vuelve algo intrascendente, que tan sólo se busca para la diversión o como vía de escape de un incómodo aislamiento.
 
Por estos y otros muchos motivos, creo que convendría frenar la transformación que se está viviendo en nuestras escuelas. Si no sucede tal cosa, convendría crear algunas aulas libres de ‘contaminación’ electrónica. Si fuera padre, preferiría que mis hijos contasen con otros adelantos pedagógicos mucho más eficaces, que fueron descubiertos hace muchos siglos: compañeros de clase interesados, profesores competentes y muchos y buenos libros.

11 comentarios sobre “Las incongruencias pedagógicas de la era digital

  1. Y el uso excesivo de las TIC afecta en el hogar, reduce la comunicación y las tareas básicas y necesarias de la vida diaria y la convivencia quedan aparcadas, porque se dedica una parte de tiempo excesiva a estar con la mirada en la pantalla, parece que sólo eso es importante, así las tareas en la vida real se hacen a destiempo y mal.

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  2. Aunque entiendo el fondo, me parece que la crítica va muy mal encaminada:

    1- El rendimiento de los alumnos no aumenta porque aunque cambie la tecnología no cambia la pedagogía. No tiene sentido decir que no se introduzcan tablets y que se mantengan los libros de texto, auténticas rémoras educativas.
    2- Partiendo de que PISA no es una referencia a tener en cuenta en educación real (es decir, más allá de puntuaciones de test), esa variable no distingue entre libros en papel y digitales, así que no me vale. Un libro digital también es un libro.
    3- De nuevo, adquirir la lectura y la escritura no es privativo del papel. Es un soporte más.
    4- No entiendo por qué el uso de la lengua está ligado al uso del papel. Antes de la escritura también se hablaba. Los analfabetos hablan. Y en los soportes digitales se escribe. De hecho se escribe más que nunca, y escribe a diario gente que antes no habría juntado dos letras voluntariamente en su vida.
    5- Mientras releguemos los aparatos electrónicos al ocio, claro que los asociarán a él. Por eso el gran reto es convertirlos en lo que son por naturaleza: una vía de acceso a muchas experiencias, tanto de lectoescritura como de otro tipo. Con ese argumento tampoco podríamos usar en el aula juegos de ningún tipo.
    6- Claro, porque el prestigio y la autoridad de los profesores son el objetivo fundamental de la educación, ¿no?. Si no saben que aprendan. ¿O como la mayoría solo saben dar clases magistrales es mejor procurar que no cambien para que no vean mermada su seguridad?
    7- Si cambia tan rápido, será más fácil adaptarse a ella si la conoces desde siempre que si te sueltan frente a ella de repente. No se trata de “enseñarles tecnología”, igual que nadie les enseña a usar un libro (que también es tecnología).

    Con el último punto estoy más de acuerdo, pero de nuevo tiene más que ver con el mal uso de algunas facetas de la tecnología informática que con esta en sí misma. ¿Va a ser mejor que descubran eso de repente, en la adolescencia? ¿Quién va a hacer que se separen entonces de la pantalla? Mejor que lo tengan normalizado y lo vean como una faceta más de sus relaciones sociales.

    Saludos

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  3. pero… esta opinión tan interesante, la estamos leyendo en nuestros tablets, smartphones, portátiles… quizás, como en tantos otros ámbitos, lo importante es la mesura.

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  4. ¡Pero si no hablamos del uso del GPS, del móvil para llamar a los amigos, del láser en una operación o de la tableta para trabajar! Hablamos de la relación entre la tecnología y el aprendizaje en niños y jóvenes… El marco del artículo es muy claro. No se trata de ser tecnófobo. La tecnología tiene repercusiones en el aprendizaje, que nos guste o no. Por ejemplo, los estudios demuestran que la comprensión de un alumno no es la misma tras una lectura en papel que en la pantalla. Todo eso está muy documentado, se encuentra en pies de página en Educar en la realidad.

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  5. No acabo de entender el debate. Las distintas herramientas de aprendizaje que hemos ido utilizando en las aulas desde que se inventó la escuela, han ido evolucionando. Muy poco.
    Efectivamente este es un cambio significativo, pero que no puede limitarse a la introducción de tecnología sin un profundo cambio pedagógico.
    Hephnell es un buen ejemplo, los Jesuítas en Cataluña también. En Chequia (con muy buenos resultados) han cambiado el sistema en muchos centros y tienen mejores resultados. Algunos con y otros sin tecnología adicional.
    Hay escuelas que hacen de la tecnología una bandera solamente de modernidad. Otras se apoyan en ellas para la transformación pedagógica profunda. Las hay que utilizan intensivamente y solamente tabletas u otros dispositivos. Otras solamente un porcentaje del tiempo de aula.
    No creería que un colegio, un maestro, prive a los niños de leer en papel y escribir en papel, con un lápiz o un bolígrafo. Creo que sería un error.
    Pero las familias cometen otro grave error, a veces por ignorancia, a veces por falta de tiempo, a veces por desidia: dedicar tiempo a los hijos y a la familia para “hacer cosas” juntos: desde una película, una charla, comer, pasear… mil cosas. Eso también es aprendizaje y fundamental para el desarrollo integral de una persona. Y eso muchos lo dejan para el colegio. Y yerran. Gravemente.
    Estoy de acuerdo con muchas cosas que dice en sus dos libros, y deberíamos tender a eso. Pero denostar todo uso de tecnología me parece un atraso, si sabe hacerse con medida. Creo que ese es el secreto. In medio virtus.

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  6. Querido anónimo, si piensas que propongo la prohibición de la tecnología, entonces es que no te has leído mi libro (¿dices que sí?). En el libro hablo del argumento de “medio virtus” en relación con la tecnología. Veo que no lo has leído. Dar un ipad en propiedad a un niño de 12 años para que lo use 5 horas en el colegio y luego en casa, sumando a las otras horas diarias de pantalla, eso es “medio virtus”?

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  7. Que cada padres haga lo que vea, en consciencia, con sus hijos. Y nadie más se puede “meter” en esas decisiones. Pero un colegio ha de consultar a los padres antes de experimentar con sus hijos. O dar opción a una línea no digital.
    Por cierto, sería bueno que la gente desvele su identidad cuando cuelga comentarios en el blog. ¿No pensáis? Es una sugerencia.

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  8. Buenas tardes:

    me he leído el artículo.
    Muy interesante.
    No sé si sabes griego y latín. Yo no mucho, pero sí lo suficiente para caer en una cosa muy interesante: la unión que hay entre lego (en griego: yo digo. Y, de ahí, logos: lo dicho, y no “razón”, como se suele decir. Aunque con sentido: lo que se dice suele ser pensado, no es hablar por hablar) y lego (en latín: yo leo). O sea, que un libro es lo dicho por otro que lo ha razonado. Quien no lee, razona menos. A no ser que hable mucho con la gente, pero de cosas de altura y de todo tipo. Es un pequeño tema para pedalear.

    Un saludo.

    PD: No estoy en contra de los iPads. Pero sí de la comodidad tanto del alumno como del profesor. Estudio viene de studeo, “yo me esfuerzo”. No te digo más.

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  9. No tengo política de censura en mi blog, no puedo soportarla y nunca la he practicado, pero aviso que no dejaré entrar los comentarios que critican sin identificarse con nombres y apellidos. Así de paso veremos que venís prácticamente todos de los mismos colegios digitalizados. 🙂

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  10. El número de libros es simplemente un indicador del interés por la cultura de los padres, no tiene nada que ver con el libro físico, de papel en sí. A medida que la generación de padres sea más joven, ese indicador cambiará. El libro no inspira a los niños por ósmosis, el resultado sería el mismo si los padres leyeran habitualmente en e-reader y no hubiera libros en la estantería.
    El tema no es el dispositivo, tablet o papel, es lo que se hace con él. Desgraciadamente, los dispositivos han entrado en las familias y las escuelas pero no han llegado acompañados de la capacidad de usarlos de la forma más rica posible, al servicio de la creatividad y del acceso a la cultura y la información. De momento son, en la mayoría de los casos, ventanas de ocio pasivo.
    Yo creo que para eso hace falta, precisamente, educación, y ahí está la labor de las escuelas y de los docentes, enseñar a usar la tecnología para ampliar los horizontes de los niños (y de los adultos), no para encogerlos en una cajita.

    Saludos.

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