Educar en la realidad, en Para Todos la 2

2 comentarios sobre “Educar en la realidad, en Para Todos la 2

  1. Catherine: ya te he visto en La 2 esta mañana. Bravo. Da gusto oírte hablar porque transmites paz, serenidad y cordura. Me ha encantado tu alusión, acertadísima, a la templanza. Creo que también has citado la fortaleza. Otro día completas con prudencia y justicia…😉

    Aprovecho la ocasión para enviarte tres frases de un librito corto, breve y dos o tres veces bueno. Lo he leído también tres veces. Creo que te gustarán. Sobre todo las que he resaltado en negrita.

    *(Extraído de las páginas 52 a 56 de “Manifiesto por la lectura ”, de Irene Vallejo, Ed. Siruela 2020. La negrita es mía)*

    Hijo de este milenio trepidante, nuestro imaginario está colonizado por la velocidad, la inmediatez, la multiplicación. Enamorados de la aceleración, nos deslumbran las conexiones instantáneas, los procesadores vertiginosos, el milagro de oprimir una tecla y comunicarnos de inmediato a través de inmensas distancias. Pero toda esa tecnología rápida y fabulosa es hija de una máquina que trabaja despacio: el cerebro. Y es precisamente su lentitud el secreto de su refinado funcionamiento. Las ideas que sustentan nuestra racionalidad necesitan tiempo, sigilo y sosiego para desarrollarse. Como escribió el historiador romano Tácito: «La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre».

    Presos de la prisa, hemos arrinconado la educación de la paciencia. A esta falta de serenidad cognitiva podemos denominarla crisis de distracción. Guy Debord afirmó que nuestro tiempo nos empuja a ser más espectadores que lectores; es decir, a diluir la tensión del lector en la entrega del espectador. Leer no es tan pasivo como oír o ver; es recreación y efervescencia mental. Leemos a nuestro propio ritmo, modulamos la velocidad, interiorizamos lo que queremos asimilar y no lo que nos arrojan con tal ímpetu y volumen que acabamos apabullados. En esta época acelerada, los libros emergen como aliados para recuperar el placer de la concentración, la intimidad y la calma. Por eso, leer puede ser un acto de resistencia en una época invadida por la información nerviosa y desbocada.

    *Un libro respeta nuestra atención, nos mantiene desconectados de las urgencias, las notificaciones y la publicidad. No tiene baterías para recargar, es resistente y puede ser muy bello. No sufre la obsolescencia programada, pues su vida útil alcanza siglos y siglos. Suena, huele, lo puedes acariciar. El papel convive armoniosamente con sus hermanas de luz, las pantallas, pero posee un aura que los apasionados de la literatura amamos y reconocemos.*

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