La Fundación CLE impulsa un programa de Grandes Obras™ tras el éxito de su Posgrado

Por Pablo Gasull

“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!”. Así lo intuyó San Agustín: la verdad, que siempre ha estado ahí, se revela como novedad. Es, al mismo tiempo, fósil y manantial, memoria y acontecimiento. Esta misma experiencia acontece cuando abrimos las páginas de un clásico. Italo Calvino lo definió como un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Una fuente inagotable que no pertenece del todo al pasado, que desborda su tiempo y que ninguna época logra clausurar.

Los clásicos siguen interpelándonos. Son, como escribió Ismael López Gálvez, una voz que nos susurra: “Lo que vives, yo ya lo he vivido; de aquello que te espera, yo ya he regresado”. Al hombre siempre le aquejan las mismas preguntas, su corazón permanece asediado por las mismas inquietudes. Y así lo han experimentado también los alumnos de la primera edición del Posgrado en Educación Clásica y Humanidades, concebido y dirigido por la Dra. Catherine L’Ecuyer. El éxito del programa —que ya afronta en junio 2026 su tercera edición— revela hasta qué punto existe hoy un deseo real de reencontrarse con la tradición intelectual y humanística de Occidente, la necesidad de volver a las fuentes para comprender mejor quiénes somos.

Fruto de esta inquietud, y a petición de los alumnos del Posgrado, nace el nuevo programa de Grandes Obras™, que empezará en septiembre 2026 impulsado por la Fundación CLE, también bajo la dirección de Catherine L’Ecuyer. Porque no basta con hablar sobre los clásicos: es necesario dialogar con ellos, leerlos directamente. No sólo porque enseñan a pensar, sino también a desear mejor, a ensanchar el alma y aspirar a ideales nobles; a compadecerse de las tragedias y compartir las miserias más hondas del hombre.

Sin embargo, leer a los clásicos se ha convertido hoy en una tarea quijotesca. Es más, su lectura se ha convertido en objeto de sospecha, porque los clásicos han dejado de sentirse propios. Muchos de estos libros se concibieron como entretenimiento popular, dirigidos al hombre corriente. Por eso es absurdo juzgar de elitista a quien promueve su lectura. Antes los clásicos podían ser populares sin ser elitistas; hoy se tachan de elitistas precisamente porque han dejado de ser populares.

Quizás el problema no sea la dificultad de los clásicos, sino nuestra creciente incapacidad para transmitirlos. La actual crisis educativa es fundamentalmente una crisis de mediación, una ruptura con la tradición. Por eso los clásicos han dejado de hablarnos y sólo sirven para la crítica ideológica o la lectura arqueológica. Sin tradición, el hombre queda huérfano; propiamente, no se tiene cultura, sino que uno es a partir de ella.

Precisamente por este motivo, el nuevo programa de Grandes Obras™ busca hacer frente a esta crisis cultural, pero sin necesidad de entrar en batallas culturales que paradójicamente podrían llevarnos a descuidar el cultivo de la propia cultura. Si el jardinero dedica todo su tiempo en ocuparse de cargar las armas y los cañones, ¿quiénes cuidará de cultivar el jardín de su alma y de la de sus seres queridos? Para poder ser viva, la cultura debe cuidarse, vivirse y trasmitirse personalmente.

En ese sentido, el programa sigue una metodología propia, desde el enfoque clasicorrealista no constructivista que caracteriza también su Posgrado y que recuerda también a John Senior. En un contexto antiintelectual contaminado por el emotivismo, el maestro se reduce a menudo a un mero moderador que ayuda al alumno a gestionar su “subjetividad” en relación con un texto desvinculado de contexto y sin tomar en consideración la huella y la intención del autor. En Grandes Obras™, el contexto de la obra y de su autor es clave para comprender su significado y es necesario acudir a un verdadero experto que lleve de la mano al alumno en esa tarea. La distancia temporal es evidente en muchas de estas obras y ya advertía Calvino que todo clásico exige preguntarse desde dónde se lee. Las obras de Dostoievski, Dante, Chesterton, Tomás de Aquino, George Orwell, Aristóteles, Soljenitzyne, Velázquez, Gaudi u Homero serán algunas de las que se abordarán a lo largo del curso, dirigido a padres, maestros y jóvenes profesionales que deseen profundizar en su formación humanística. Durante diez sesiones, un sábado al mes, expertos y académicos como Enrique García Máiquez, Inger Enkvist, José María Micó, José Ignacio Murillo, Pablo Pérez o Vicente Bellver, entre otros, acompañarán a los alumnos en la lectura y contemplación de algunas de las obras fundamentales de Occidente, ofreciendo las claves históricas y culturales necesarias para comprenderlas mejor.

Los clásicos no ofrecen garantías. No siempre nos hacen mejores —la historia es testigo—, pero sí es seguro que la incultura nos impide ser plenamente quienes somos. Homo fit, non nascitur, uno no nace hombre, se hace hombre. Y los grandes libros participan de esa tarea de humanización.

Como ya es habitual en la Fundación CLE, las sesiones se desarrollarán de forma presencial y a contracorriente de las nuevas tendencias educativas: los móviles estarán apagados o en modo avión durante las clases, aunque habrá una sala habilitada para los que necesitan consultarlo. Además, los padres podrán acudir con sus bebés menores de diez meses.

El crecimiento de la Fundación CLE en los últimos años refleja que esta inquietud por recuperar una educación humanística y una relación viva con la tradición está lejos de ser marginal. Al éxito del Posgrado en Educación Clásica y Humanidades y al lanzamiento del programa de Grandes Obras™ se suma ahora la expansión internacional de sus iniciativas: en julio 2027 la fundación pondrá en marcha en Colombia un Diplomado en Fundamentos de la Educación Clasicorrealista y otro en Fundamentos Antropológicos de la Educación Montessori, ambos impartidos en las instalaciones de un colegio situado a 35 minutos del aeropuerto de Medellín.

En un tiempo obsesionado con la innovación permanente, el éxito de estos programas parece revelar una necesidad mucho más profunda: la de volver a aquellas obras y tradiciones que, lejos de agotarse, siguen ofreciendo al hombre un horizonte de sentido.

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