El Ratoncito, los Reyes y otros misterios…

Por Catherine L’Ecuyer

“Cuando el niño haya llegado a la edad de razón, sus padres deberían tomar la iniciativa de decirle que no existen el Ratoncito, los Reyes, y todas estas cosas.  No vaya a ser que se entere por otros, y entonces los padres habremos perdido toda credibilidad”.  Los padres se quedan perplejos frente a esos consejos, pero suelen caer, ya que la amenaza de pérdida de credibilidad aterroriza, con razón.
 
¿Siempre ha sido así?  No.  Asistimos al fenómeno que la Catedrática de antropología de la educación, Petra María Pérez  llama la “reducción de la infancia”. Frustrar la imaginación del niño matando sus ilusiones y así acortar la infancia, esa etapa sagrada, es un fenómeno reciente. Antes, no era así.  Y si a alguien le cabe la duda, puede consultar la edad media de caída de los dientes de leche y llegará a la conclusión de que si sólo pasa el Ratoncito antes de la edad de razón (7 años), recogerá como mucho tres dientes: el incisivo central superior, el inferior y incisivo lateral inferior. Tres dientes, de los diez y seis dientes de leche. Un triste negocio para el Ratón, quizás el principio de su extinción.  Sino del Ratón, de la tradición.
La perdida de la credibilidad de los padres frente a un hijo de 7 años es un argumento bien triste. La relación de confianza entre padre/hijo se fundamenta en el vínculo de apego que existe entre ambos, no en haberle “chivado” un secreto. De hecho, el niño cuyo amiguito le “chivó” el secreto en el cole, llegará a casa corriendo para preguntar a sus padres “si es verdad”. Siempre corrobora con los padres, porque en ellos tiene fe, no en el amigo.  Sus padres le explicarán la verdad con delicadeza, facilitando el paso del niño hacía el otro lado del misterio, pidiendo al niño que asume el papel de mantener el secreto con sus hermanitos y los amigos que no lo saben. 
 
Cada niño tiene un proceso madurativo distinto y no hay regla fija de edad.  Cuando el niño está convencido del misterio y los padres le dicen que todo esto no existe, es como sin pincharán un globo teledirigido en pleno vuelo. Caída libre… En cambio, llega un momento en el que el niño por si solo se da cuenta que ni MRW tiene los recursos suficientes para distribuir tantos regalos a tantos hogares en unas solas horas. Y si los padres ven que el niño se acercar a este momento y sufre en sus intentos de reconciliar razón y misterio, siempre podrán facilitar un aterrizaje suave explicando que ellos actúan a modo de pajes para los Reyes. Pero no cabe duda en que la mejor preparación para este delicado momento es esperar a que llegue. 
 
Einstein decía “la mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo”. Matar a la imaginación, el asombro y la creatividad de un niño para inculcarle cuanto antes y contra su naturaleza una actitud razonable, es típico de una sociedad fría, cínica y calculadora. Einstein también decía: “El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos”.

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