Catherine L’Ecuyer: «La universidad ha perdido el norte. Es una agencia de colocación o un lugar de adiestramiento»

Esta gurú educativa es especialista en buscarle una causa a algunos de los principales problemas de la enseñanza. ¿La culpa de los malos resultados de España en PISA la tiene Rousseau?

Publicado en ABC 06/02/2026

Uno termina su ensayo novelado Conversaciones con mi maestra con la idea de que Rousseau ha sido verdaderamente dañino para el ámbito de la educación…¿Es el culpable de que en nuestro sistema ‘se iguale por abajo’?

Antes de Rousseau, la cultura y el conocimiento se trasmitía. Desde Rousseau, se considera que el conocimiento es innato y que el niño lo construye autónomamente como una flor que crece sola. Rousseau dice que sentir y pensar es lo mismo. Defiende el antiintelectualismo y el desprecio al saber y a la abstracción. Dice que hay que mantenerse en la ignorancia para mantener nuestros deseos por debajo de nuestras necesidades primitivas y, así, volver a la igualdad. Si no sabemos ni tenemos nada, seremos todos iguales y felices. Rousseau, no solamente es el padres de todos los totalitarismos , es también el ideario de todas las políticas educativas que igualan por abajo, que aborrecen el esfuerzo, que dejan a los alumnos pasar de curso con suspensos y que rebajan las exigencias del curriculum. Todo eso se vende bajo la etiqueta de “educación nueva”, como alternativa a la «educación vieja”, o tradicional.

Le molesta que normalmente se reduzca todo a dos bandos pedagógicos enfrentados (educación tradicional vs. nuevas pedagogías?

Creo que la pugna entre la educación vieja y la nueva no tiene sentido. Es un falso dilema que confunde a los padres. No podemos valorar las propuestas educativas en función de su temporalidad. La novedad es un concepto comercial, no educativo. La tesis de mi ensayo novelado es que existen tres corrientes: la mecanicista (que trata al alumno como un ser crédulo y pasivo al que “inculcamos” y “estimulamos»), la corriente romántico-idealista, de la que deriva el constructivismo (para la que el alumno construye su conocimiento en base a su representación de la realidad) y la clásico-realista (para la que la realidad existe y puede ser conocida).

En líneas generales, ¿cree que las familias desconocen las filosofías detrás de las pedagogías?

Si no se dedican a eso, es posible que lo desconozcan. Yo no sé nada de la pesca de la trucha en Madagascar, porque no me dedico a eso. Sin embargo, los padres tienen una intuición de que algo no está yendo bien con las propuestas pedagógicas actuales y no les falta la razón. Al final hay una gran parte de la educación que es cuestión de sentido común.  El problema es que el marketing de los colegios les atrapa.

El curso pasado publicamos en ABC un reportaje sobre cómo crecen los colegios en España con pedagogías alternativas (ya hay más de 500). ¿Qué puede estar atrayendo a cada vez más padres a decantarse por este tipo de educación?

Los padres están desencantados con la educación mecanicista que trata al niño como un ser pasivo. Entonces se decantan hacía pedagogías respetuosas del ritmo, de las etapas y del interés por aprender de sus hijos. Sin embargo, hay que ir con mucho cuidado con las llamadas “pedagogías activas”, pues al final lo que a menudo buscan es una actividad exterior (gamificación, flipped-classroom, etc.), no interior. El verdadero aprendizaje arranca desde el asombro, no desde la diversión externa. El alumnos es protagonista de su aprendizaje, pero no porque tiene en sí la semilla del conocimiento, sino porque tiene que hacer suyo el aprendizaje. 

¿Qué corriente impera o inspira hoy mayoritariamente la educación pública en España?

Venimos de un sistema mecanicista en el que la jerarquía es fuente del conocimiento (“es verdad porque lo digo yo”) y se tiende a tratar al niño como un ser pasivo, crédulo, que se adiestra en competencias técnicas. El fin de ese modelo es formar al empleado para el mundo laboral. Pero desde hace un par de décadas, la corriente romántico-idealista lo ha invadido todo, como también en el resto del mundo Occidental. Con la introducción de esa corriente, inspirada en Rousseau, el conocimiento ha dejado de ocupar un lugar importante, el aprendizaje se plantea desde el “aprender a aprender”, o el “aprender haciendo” (learning by doing). 

Insiste en varias ocasiones en que los métodos han de estar basados en evidencias científicas y cuestiona algunas teorías de gran implantación como la sobreestimulación temprana de cero a tres años o las inteligencias múltiples… ¿Qué mantras educativos se suelen repetir en España sin evidencia detrás?

Defiendo la unidad de los saberes. No tiene sentido que algo sea cierto en educación y que no lo sea en neurociencia, por ejemplo. La verdad no puede ser contraria a la verdad. La estimulación temprana es una método que se ha vendido durante 50 años como una innovación en España. Cuando uno se detiene a estudiarla, se da cuenta que se apoya en una teoría obsoleta (de la recapitulación), que está condenada por unas 20 asociaciones profesionales en todo el mundo (entre ellas, Neurology) y que no está apoyado por ningún estudio con grupo de control. Eso pasa con muchas teorías que han sido aplaudido en las aulas sin haber demostrado que tenía sentido usarlas. La educación ha de estar basada en las evidencias, no en las ocurrencias. 

¿Cree que en España los colegios han pasado de ser públicos a ser estatales? Es decir: ¿cree que existe una voluntad de inculcar una determinada ideología a los alumnos?

La educación romántico-idealista se inspira en Rousseau, quien considera que la educación está al servicio del proyecto social y político. Emilio no es un tratado de educación, es el manuel de adiestramiento del ciudadano prototipo del modelo social y político que propone en El Contrato Social. Por ello, en la educación romántico idealista, las aulas deben convertirse en lugares de militancia política. El fin de esa educación no es la transformación de la persona, sino conseguir un ciudadano concreto. Para ello, necesitamos unas escuelas estatales, que amoldan al alumno a lo que quiere el Gobierno. Y si los colegios públicos o privados no quieren ser estatales, los cerramos. Como hizo Mussolini con Montessori cuando ella se negó a introducir en sus aulas los preceptos de Mussolini. El concepto de escuela pública es distinto. La escuela pública asegura unos criterios de calidad alto para así servir de ascensor social; esa visión es perfectamente compatible con el respeto a la libertad educativa de los padres. Relegar la libertad educativa al ámbito de la privada es poner un precio a la pluralidad. La libertad educativa no tiene precio, es un derecho fundamental.

Usted ha solido manifestarse en el bando ‘antipantallas’ dentro de la escuela. Sin embargo, los resultados de un país como el nuestro están lejos de rozar los resultados en PISA de Estonia, uno de los estados que más ha apostado por la digitalización de la escuela.

Sobre el uso de las tabletas en las aulas, remito a una revisión reciente de la literatura del Institut National de Santé Publique du Québec (INSPQ). (2024). La conclusión: «Los resultados a partir de datos científicos recientes sugieren que los dispositivos digitales en el aula, utilizados con fines personales o educativos, en el mejor de los casos no aportan ningún beneficio al aprendizaje, y en el peor de los casos tienen un efecto negativo en la cognición de los jóvenes.”

Estonia no ha demostrado que las pantallas mejoraban el aprendizaje. En primer lugar, Estonia ya tenía buenos resultados antes de la introducción de las pantallas. En segundo lugar, Estonia no ha apostado para sustituir el papel por lo digital. Su uso es muy puntual. En tercer lugar, no se ha citado como un contraejemplo al padrón general del estudio Students, Computers & Learning (2015) en el que se dice explícitamente que un uso de la tecnología por encima de la media de la OCED empeora los resultados académicos.

Es más, un programa de investigación (Digiefekt) realizado en Estonia muestra que sustituir prácticas tradicionales por tabletas no mejora el aprendizaje y puede incluso perjudicarlo, mientras que solo usos digitales muy específicos, exigentes y guiados producen beneficios pequeños y contextuales. Esa investigación refuerza la prudencia, no el entusiasmo. 

Eso no contradice al INSPQ. Más bien, lo confirma desde un sistema educativo que sigue el trabajo en modo analógico (escribir a mano, lectura comprensiva, etc.) y que ya funcionaba muy bien antes de introducir puntualmente la tecnología. 

Por otra parte, existe evidencia que relaciona el uso de las redes sociales en adolescentes con un empeoramiento de la salud mental.

Efectivamente. Hoy por hoy, existe ya un conjunto sólido de evidencias que establece la relación causal (y no meramente correlaciona) de las redes sociales con el empeoramiento de la salud mental de nuestros hijos y jóvenes. Así lo ha afirmado la principal autoridad sanitaria de EE.UU., el Cirujano General en su informe Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory sobre redes y salud mental en 2023. 

¿Esas evidencias serán las que han motivado al Gobierno a aumentar la edad de acceso a las redes a 16 años?

No lo creo. Se trata de una medida populista en la linea del anuncio de Australia y Francia. En el proyecto de ley sobre la protección del menor en internet que salió en abril 25, después del informe del Cirujano General, hay un artículo que dice explícitamente que los menores de edad “tienen derecho al acceso equitativo y efectivo a dispositivos, conexión y formación para el uso de herramientas digitales”. El Gobierno se niega a enmendarlo. No veo ese espíritu de protección que anuncian los titulares.  En realidad, el Gobierno está utilizando una causa noble para otra agenda: quiere convertirse en el Sherrif del online: censurando, controlando el discurso, perfilando su votante y adiestrándole en las ideas políticas del momento. En vez de defender la barra libre y de proteger “en» internet, habría que protegerles “de” internet.

Algunos dicen que no se puede afirmar que sacar los teléfonos de los colegios reduzca su tiempo de uso o que mejore los resultados.

Si sacamos los teléfonos de los colegios, se reducirá el tiempo de uso, sin dudas. No necesitamos estudios para llegar a esa conclusión, es una cuestión matemática: los chicos están más de 8h en el colegio, es más de la mitad de su tiempo despierto. Es cierto que hay estudios puntuales que han hablado de los beneficios de los Smartphone en los colegios. Pero es importante conocer las fuertes limitaciones metodológicas de esos estudio y fijarnos si, por ejemplo, los resultados se basan solo en información subjetiva autodeclarada por los alumnos (en cuyo caso no hay medición objetiva), si hay un grupo de control que permite establecer la causa efecto, y si el estudio es experimental con asignación aleatoria (o solo observacional). Hay que fijarse en la calidad de la metodología, ir más allá del titular.

En su ensayo es bastante crítica con los rankings de colegios y universidades, pues estos homogeneizan la oferta pues los centros tratan de adaptarse a los criterios que emplean esas clasificaciones. ¿Debemos los periodistas dejar de elaborar rankings?

Los rankings tienen un efecto pernicioso por dos motivos. En primer lugar, posicionan los colegios en base a unos criterios que son los mismos para todos. No tiene sentido que todos los colegios hagan lo mismo, que el ideario de todos ellos sea el mismo. Si digo que la oferta de carne es un criterio de puntuación para un ranking de restaurante, los restaurante vegetarianos nunca llegarán a puntuar bien en esos rankings. Cuando damos puntos para la digitalización, por ejemplo, estamos creando una homogeneidad en la oferta que anula esa pluralidad y que hace imposible el ejercicio de la libertad educativa. En segundo lugar, los criterios de calidad han de basarse en las evidencias educativo-científicas. Los rankings periodísticos de colegios no están elaborados por expertos en educación y los criterios que se siguen para la puntuación no siguen ningún tipo de baremo que guarde relación con la calidad educativa (ej. comedor propio, ruta escolar, digitalización, innovación, etc.). 

También habla tangencialmente de cómo la investigación en las universidades se ha convertido en una forma de ascender, de sumar puntos para optar a una plaza…según los datos es una cuestión preocupante en nuestro país. ¿Cómo le ponemos remedio?

El motor de la investigación universitaria tiene que ser el asombro y la apertura ante la realidad, no la ambición de conseguir financiación a cualquier precio para luego encerrarse en una torre de marfil académica acumulando sexenios. La universidad es un templo del saber, las líneas de investigación no pueden estar al remolque de la industria o del postureo político. Si la universidad y sus profesores pierden la libertad de buscar y expresar la verdad sin conflicto de interés, ¿quién lo hará? Estamos perdidos.

Estos días participa y organiza unas jornadas sobre el rumbo de la universidad. ‘Universidad, Quo Vadis?’. ¿De dónde vienen las ideas lunáticas que encontramos hoy en los campus?

Hoy pedimos a nuestros alumnos universitarios que pinten sus emociones en colores, les hacemos disfrazarse de Mario Bros en los pasillos de las facultades de educación, les pedimos que critiquen un extracto de 6 líneas de La Razón pura de Kant para puntuar su competencia en “espíritu crítico” sin conocimiento previo sobre el autor y su obra. Formamos a los profesores en gamificación y en el uso del Kahoot para amenizar sus clases y divertir a los alumnos. Pienso que la universidad ha perdido el norte. Ha renunciado a ser un templo del saber para convertirse en una agencia de colocación laboral y en un lugar de adiestramiento del futuro ciudadano. Los 6 y 7 de febrero, mi Fundación -la Fundación CLE-, ha reunido en Madrid a 9 ponentes (Fabrice Hadjadj, Diego Garrocha, Inger Enkvist, Pablo Peréz, Vicente Bellever, Higinio Marin, José María Barrio Maestre, Carlos Hoevel y yo misma) para intentar elucidar las causas y poner remedio a esa situación. ¡Aún quedan plazas! www.fundacioncle.org.

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