El mito de los primeros tres años

Por Catherine L’Ecuyer

Parece mentira que haya tanto “jetlag” entre los EEUU y la península ibérica. Bueno, en cuanto a descubrimientos científicos me refiero. Cuando se trata de hamburguesas, de Baby Einstein, del Halloween y de lo último en videojuegos violentos, enseguida nos hacemos con ello. Sin más, os dejo leer lo que se publicaba en el periódico El Mundo hace 15 años, sobre lo que se sabía desde mucho antes en los EEUU. La pregunta es: ¿cuántos años más para que cuaje todo eso en nuestras aulas?

El Mundo, Neurociencia
Los tres primeros años de vida no son tan definitivos en el desarrollo cerebral 

Un libro que acaba de salir en Estados Unidos desmiente la creencia popular de que el desarrollo del cerebro se centra en los tres primeros años de vida. Según los neurocientíficos esta idea es fruto de una mala interpretación de la ciencia y provoca la angustia injustificada de padres y educadores.
 
Myriam López Blanco
El anterior gobernador de Georgia, en Estados Unidos, decidió un buen día que todas las madres que acababan de tener un hijo debían recibir en casa un CD de música clásica, concretamente de Mozart. ¿El motivo? Los medios de comunicación habían estado bombardeando los hogares con el mensaje, basado supuestamente en estudios científicos, de que la música puede potenciar la capacidad mental de los pequeños. Igual de popular se ha hecho la idea de que los tres primeros años de vida son cruciales porque el desarrollo cerebral ocurre en ese periodo, de manera que muchos padres viven hoy obsesionados con el convencimiento de que si su hijo no pasa ese tiempo en un ambiente casi perfecto su futuro puede estar en peligro.
 
¿Sirve realmente Mozart para hacer a un niño más listo? ¿Acaso el desarrollo del cerebro se detiene a los tres años de edad? La respuesta, según los neurocientíficos, es no. Y, según un libro que ha salido al mercado en EEUU hace tan sólo tres semanas titulado «The myth of the first three years» (el mito de los tres primeros años) estos mensajes son fruto de una mala interpretación de la ciencia. «Una de las cosas más extrañas es que los puntos de partida de esas noticias no estaban respaldados por estudios científicos del 
cerebro», declaró a SALUD John Bruer, autor del libro y presidente de la Fundación James S McDonnell, en St. Louis, EEUU. «En este momento, la neurociencia no nos puede decir mucho sobre si podemos influir en el desarrollo del cerebro durante la primera etapa de la vida, momento en el que se produce una importante formación de sinapsis, y mucho menos sobre cómo podemos hacerlo», dice en su libro. 
 
Bruer empezó a recopilar material en 1996. Estas noticias se extendieron de tal forma en EEUU que incluso hubo una sesión especial en la Casa Blanca para discutir su veracidad. En el libro de Hillary Clinton sobre la educación de los hijos (It takes a village) se lee: «…con una adecuada estimulación, se formarán las sinapsis cerebrales rápidamente, alcanzando un estado adulto a la edad de dos años». En 1997 se creó la campaña I am your child (soy tu hijo) que, según reza en su web/a tiene el propósito de «convertir los primeros años de la vida de un niño en una prioridad de la nación». Según Bruer, la gente que organizó esta campaña tomó la decisión consciente de poner énfasis en la ciencia porque sabían que eso atraería al público.
 
En el último «Nature Neuroscience», se dedica el editorial a este mito del que habla el libro: «Esta visión del desarrollo infantil a modo de o lo usas o lo pierdes está basada en unos pocos estudios realizados con humanos y en muchos hechos con animales». Hay trabajos recientes de neurociencia que demuestran que el cerebro sigue teniendo plasticidad y es capaz de reorganizarse como respuesta a la experiencia y a los daños a lo largo de toda nuestra vida. En 1997, Child Development publicó una revisión sobre estos trabajos. Sus autores son dos eminentes neurocientíficos: Charles Nelson, del Institute of Child Development de la Universidad de Minessota, y Floyd Bloom, el actual director de Science.
 
«Los medios de comunicación tienen mucha culpa de que existan estos mitos», dijo el doctor Nelson a este suplemento. «Sin embargo, también es cierto que hay científicos que están dando la información equivocada. Dos ejemplos que me vienen a la mente: Bruce Perry, un psiquiatra de niños muy conocido, y Harry Chugani, un neurólogo pediatra, han dicho cosas a la prensa que simplemente no tienen una base científica y que no son ciertas, pero ¿cómo podían saberlo los periodistas?».
 
Según Nelson, los medios de comunicación sólo han contado parte de la historia. Se han basado en un tipo de estudios llamados de privación, realizados con niños que habían pasado los primeros años de su vida en orfanatos rumanos o rusos y que fueron adoptados más tarde por familias estadounidenses. «En un popular programa de televisión que se emite por las tardes, apareció un eminente neurólogo pediatra con un PET [imagen cerebral obtenida con un escáner de tomografía por emisión de positrones] de un niño rumano que sufría daño cerebral y tenía problemas de comportamiento», escribe Nelson en un reciente artículo publicado en la revista Applied Developmental Science. Lo sorprendente, dice este especialista, es que nunca hayan salido a la luz los trabajos que demuestran que muchos de estos niños se desarrollan normalmente cuando están con sus nuevas familias. Además, los estudios de privación no son controlados, con lo cual es difícil llegar a conclusiones fiables, y no disponen de información prenatal (por ejemplo, si la madre era alcohólica), de cuál fue la dieta del niño, o de su dotación genética.
 
«Mi punto de vista como neurocientífico y como psicólogo del desarrollo es que nuestra responsabilidad con los niños debe estar distribuida a lo largo de toda su vida, no sólo durante los tres primeros años. De otra forma, no sólo sería una actitud poco inteligente sino que no sería buena ciencia», concluye el doctor Nelson.
 
Os dejo con una cita de Dan Siegel, psiquiatra del Centro Cultura, Mente y Desarrollo de la prestigiosa universidad UCLA, que resuma esas conclusiones, a la vez que hace hincapie en hallazgos todavía más recientes sobre el papel clave del apego:
 
“No hay necesidad de bombardear bebés o niños pequeños (o nadie) con una estimulación sensorial excesiva con la esperanza de construir mejores cerebros. Sencillamente, no es así. Los padres y los otros cuidadores pueden relajarse y dejar de proporcionar una gran cantidad de bombardeo sensorial a sus hijos. (…) Más importante que un exceso de estimulación sensorial durante los primeros años de desarrollo, son los patrones de interacción entre el niño y el cuidador. La investigación sobre el apego sugiere que la interacción interpersonal colaborativa, no la estimulación sensorial excesiva, sería la clave a un desarrollo saludable.”

El mito de los 3 primeros años es un neuromito (mala interpretación de la literatura de la neurociencia aplicada al ámbito de la educación). Para saber más sobre los neuromitos: Educar en la realidad.

5 comentarios sobre “El mito de los primeros tres años

  1. Megustado leer tu post, Catherine, resulta muy esperanzador saber que no todo depende de los 3 primeros años en el aprendizaje del ser humano…

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  2. Me ha gustado mucho esta entrada, me parece que va siendo hora de poner un poco de cordura a tanta base neurocientifica. ultimamente los psicologos parace que no hablamos de otra cosa cuando nos referimos a psicologia infantil y del desarrollo.No digo que debamos vivir al margen pero parece que lo invadía todo (!!!tanto cerebro!!!)

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  3. Me encanta el cerebro y los avances que se hacen. Lo lamentable es la costumbre de investigadores y seres humanos en general, de afirmar “verdades absolutas” con o sin base científica.
    Gracias Catherine por tu plástica opinión.

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