La Navidad, por Chesterton

“La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad. (…) La gente está perdiendo la capacidad de disfrutar la Navidad porque la ha identificado con el regocijo. Una vez que han perdido de vista la antigua sugestión de que es por alguna cosa que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede ser frívolo así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para ser frívolo. Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No sería tan bullicioso, le hubiera dejado puñados de billetes bancarios falsos o un talonario de cheques sin fondos. Por divertida que fuera la acción del testador, no sería durante mucho tiempo ocasión de festividades sociales y celebraciones de todo tipo. No se puede empezar ni siquiera una francachela por una herencia que es sólo ficticia. No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro. Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana. Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.

Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo. Y tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.”

Mirando a la cara de asombro de nuestros hijos mientras contemplan los signos de la Navidad, quizás podemos recuperar su sentido serio y solemne. ¿Un ser infinito que ha querido asumir, respetar y vivir la condición humana, las leyes de la naturaleza y las etapas de la vida, iniciando un viaje en nuestro mundo naciendo bebé y luego siendo niño? ¿Y quiso nacer vulnerable y sin hogar, en una cueva oscura, fría e húmeda? ¿Para ti y para mi? Si no nos hacemos de nuevo como niños, eso no solo es imposible, pero es un verdadero escándalo. Para una mente asombrada, es una locura que se celebra en la vivida magia de la noche del 25 de diciembre.

7 comentarios sobre “La Navidad, por Chesterton

  1. Muchas gracias Catherine por tu blog que nos hace reflexionar y reconducir nuestro camino como
    educadores… Yo también quiero desearte unas Santas, felices y Entrañables Navidades. Un abrazo fuerte. Raquel

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.