Asombro, respeto y autoridad

Por Catherine L’Ecuyer

 
¿Cómo conseguir que los niños tengan respeto para el conocimiento y para quien se lo transmite? 

Podemos enseñar a los niños una serie de conceptos, de nombres de cosas, llenarles de datos como si fueran máquinas inteligentes, pero si no conseguimos que el preámbulo de ese conocimiento tenga como origen el asombro, no solo el aprendizaje no será sostenible, sino que además no tendrá sentido. En el aprendizaje sin asombro, los niños no tienen respeto verdadero por lo conocido, porque el sentido del asombro es lo que hace que uno contemple la realidad con humildad, agradecimiento, deferencia, sentido del misterio y admiración. Esa actitud de respeto repercutirá lógicamente sobre la forma en que el niño considera y respeta a las personas que actúan como intermediario entre él y el milagro de la realidad, tanto en el ámbito familiar como educativo. Ese efecto puede explicar muchos de los problemas que nos encontramos hoy en día en nuestros hogares y en nuestras aulas y que equivocadamente pensamos poder resolver con métodos que contemplan indicadores mecanicistas como por ejemplo el autoritarismo y el permisivismo. 

No se impone la autoridad en la enseñanza, ni se gana a base de no exigir o de hacerse el inmaduro, sino que se genera respeto a través del sentido del asombro para lo que se descubre.

Un comentario sobre “Asombro, respeto y autoridad

  1. Como enseñante de educación primaria, además del asombro, añadiría la necesidad de empatizar, de ponerse en el lugar del alumno-a y llevarle al decubrimiento de la duda, que sería una manera de asombro, de la interrogación propia, del entorno y de los otros.
    A veces pienso que ante la gran cantidad de errores que he cometido como docente, una de las cosas que he procurado mantener vivas, es dudar y que los alumnos pregunten y se inquieran.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.