La duda, una tabla de gimnasia imprescindible

 

Catherine L’Ecuyer

La persona asombrada duda. Su duda no es la del escéptico que niega la existencia de la realidad, ni la del que ve la duda sistemática como un método y un fin en si. Es una duda compatible con la posibilidad de conocer. La persona asombrada se caracteriza por una actitud de humildad ante la realidad. La duda es el punto de partida, en su recorrido hacía el conocimiento de lo real, sea cual sea el coste del viaje. Escucha sin prejuicios ni filtros, con empatía. Pondera las cosas en su cabeza y en su corazón. Disfruta contrastando sus puntos de vista y acoge el diálogo de forma natural.
 
Dice Alex Rovira que “La duda es la maleta más valiosa del equipaje de los genios y la que falta en los fanáticos.” Álvarez de Mon dice: “Paradójicamente, el que sabe, pregunta; el que conoce, escucha. El que aprende, duda, se va topando con crucigramas cada vez más enrevesados y subyugantes. Tener siempre razón, ganar una discusión, impresionar al otro, anular al compañero, pavonearse en público, son objetivos pobres y limitados de gente mediocre e insegura. La meta es aprender, estirarse, crecer, y para eso la duda es una tabla de gimnasia imprescindible.”

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