¿Cómo se puede ver la belleza de un teorema sin saber matemáticas?

Periodista: Adrián Arcos 
Revista: Magisterio, 13 de mayo, 2016.

Canadiense y madre de cuatro hijos, Catherine L’Ecuyer es autora de los bestseller Educar en el asombro y Educar en la realidad, y colabora actualmente en el grupo de investigación Mente-Cerebro (ICS) de la Universidad de Navarra. La revista suiza Frontiers in Human Neuroscicence publicó el artículo The Wonder Approach to Learning, que convertirá su tesis en una nueva hipótesis / teoría de aprendizaje.

P. ¿Qué es el asombro?

R. Es el deseo de aprender, algo innato en el ser humano. Los bebés se asombran cuando ve por primera vez el cielo, las estrellas, la cara de su madre, cuando tocan la hierba, ven una sombra, experimentan la gravedad… Como decía Chesterton, “en cada niño, todas las cosas del mundo son hechas de nuevo y el universo se pone de nuevo a prueba”.

P. ¿Los niños construyen sus aprendizajes?
R. “Toda enseñanza viene de un conocimiento preexistente”, decía Tomás de Aquino, una idea similar a la de Vygostsky, llamada la zona de desarrollo próximo. El proceso de aprendizaje es parecido al de la construcción de los andamios. Nos apoyamos sobre los conocimientos adquiridos para añadir conocimientos nuevos. Es importante consolidar las bases antes de añadir otros conocimientos más complejos. En ese sentido, podemos decir que el conocimiento se construye. Pero ojo, ¡no antológicamente! Las proposiciones que se enseñan son verdad antes de ser conocidas; la verdad no depende del conociendo que tenemos de ella, sino de la existencia de las cosas. Lo que asombra es la realidad. Por lo tanto, la realidad no se construye, sino que se descubre.

 P. ¿El niño descubre por sí solo?

R. Sí y no. Sí, en el sentido de que el niño tiene un motor interno que le lleva a conocer. De hecho, el asombro se define en filosofía como “el deseo de conocer”. En ese sentido, nadie puede inculcar, forzar a alguien a “querer algo”. Por eso, el modelo conductista que considera al niño como un ente pasivo es un fracaso educativo contundente. Sin embargo, algunas interpretaciones del constructivismo sugieren que el niño puede y debe descubrir de forma totalmente no dirigida. Conviene recordar que las evidencias no respaldan métodos educativos tales como “el descubrimiento puro” en un aprendiz joven, porque si el alumno no logra entrar en contacto con los principios por aprender, el descubrimiento en sí no ayudará al aprendiz a encontrar sentido a su aprendizaje. Por eso defiendo el triángulo “maestro-alumno-realidad”. El papel del maestro es clave.

P. ¿Entonces que opinas sobre nuevas metodologías como el trabajo cooperativo, al aprendizaje por proyectos o la flipped classroom?

R. Son aplicaciones del constructivismo en el aula. Por lo tanto, vuelve a la imagen del andamio que utilizaba antes, nos apoyamos sobre los conocimientos adquiridos para añadir otros nuevos. El alumno es protagonista de su aprendizaje, ha de hacerlo suyo. Sin embargo, un joven aprendiz no puede diseñar, por sí solo, el andamio de su propio aprendizaje, hay que apoyarse en una base sólida de conocimientos.

P. ¿Por ejemplo?

R. ¿Cómo se puede ver la belleza de un teorema sin saber matemáticas? ¿Cómo se puede componer música sin haber adquirido la técnica musical? ¿Qué sentido tiene que un alumno de 7 años esté haciendo un trabajo por proyectos sobre el teorema de Pitágoras si nadie le ha explicado las bases de la matemáticas? ¿Cuál será su fuente de información? Acabará haciendo “cortar y pegar” de Wikipedia y presentará sus hallazgos cibernéticos a la clase leyendo la cartulina o recitándola de memoria, pésimo uso del tiempo para él y sus compañeros. Ese ejercicio tiene más sentido de forma puntual en Secundaria o en la universidad, porque en ese contexto puede ayudar a consolidar una base de conocimientos ya existente y los alumnos le sacan mayor partido.

P. ¿Y la tableta?

R. No es ni más ni menos que el vehículo de ese tipo de planteamiento pedagógico. Por eso los resultados del estudios Students & Computers confirman que un uso en el aula por encima de la media de la media de la OCDE lleva a peores resultados. Internet es una herramienta fabulosa, pero en una mente madura.

EN LA EDUCACIÓN INFANTIL
Dimensión afectiva

“Muchos errores se cometen en Educación por confundir lo que es propio de una etapa con otra. En Educación Infantil, no toca el aprendizaje estructurado, formal. En esa etapa, es clave consolidar la dimensión afectiva – el vínculo de apego seguro- para que el niño tenga una autoestima robusta que le permita lanzarse a descubrir”

Juego desestructurado

“Los niños aprenden a través del juego desestructurado. El juego desestructurado favorece el desarrollo de las funciones ejecutivas (atención, memoria de trabajo, etc.) que son claves para el éxito académico. En ese sentido, podemos preguntarnos por ejemplo, ¿qué sentido tiene hacerles coger objetos con pinzas para trabajar la motricidad fina, mientras decimos a los padres que compren bambas de velcros porque lleva demasiado tiempo enseñarles a atarse los zapatos?”

“El aprendizaje en esa etapa ocurre a través de los cinco sentidos, desde las situaciones más cotidianas. Los niños pequeños aprenden en contacto con la realidad, no con un bombardeo de estímulos externos perfectamente diseñados. Asombrase ante un objetivo que se cae al suelo es el preámbulo para que más adelante puedan descubrir que la aceleración originada por la gravedad es de 9,80665m/s. En esa etapa, tocar la tierra húmeda o mordisquear y oler una fruta deja una huella que ninguna ficha o tecnología puede igualar.”

P. ¿Qué lugar le das a la memorización?

R. La memorización mecánica es eje del conductismo en la Educación. ¿Qué sentido tiene que el alumno memorice el teorema de Pitágoras, o que la aceleración originada por la gravedad es de 9,80665m/s?, si jamás ha contemplado un triángulo u observado el concepto de aceleración en la naturaleza? Ninguno. Eso no quiere decir que la memoria no sea necesaria para el aprendizaje, sin ella no hay aprendizaje. Defiendo la Educación basada en el conocimiento y trasmitida por una persona que conoce y ama su materia, pero desde del asombro, y contando con el asombro del alumno. No es incompatible. De hecho, el asombro es el deseo “de conocer”. No se trata de asombrarse ante la nada, sino ante la realidad.

P. ¿Qué piensas de la importancia de la neurociencia en la Educación?

R. En los años 90, se han vendido muchos métodos bajo la etiqueta de “Educación basada en la neurociencia”, inspirados todos ellos en la asunción científicamente equivocada de que el aprendizaje depende de un entorno enriquecido. El mito de los tres primeros años, la creencia de que tenemos una inteligencia infinita… Esos neuromitos son malas interpretaciones de la neurociencia que han reforzado el conductismo en la Educación y que han contribuido a convertir las aulas de Infantil en salas de estimulación y los padres en animadores de ludoteca. Los neuromitos aniquilan el sentido del asombro de los niños. Ya lo profetizó Chesterton cuando dijo que “el mundo nunca tendrá hambre de motivos para asombrase; pero sí tendrá hambre de asombro”.

P. ¿Sería la Educación en el asombro un intento de dar la vuelta a esa profecía?

R. Pues sí, para que, en el medio de tantas distracciones, nuestros hijos puedan otra vez asombrase antes lo irresistible de la belleza de lo que les rodea.

Un comentario sobre “¿Cómo se puede ver la belleza de un teorema sin saber matemáticas?

  1. Hablando de asombro: ¿Por qué no nos preocupa ver que nuestros hijos tienden a la Ley del mínimo esfuerzo? Quizás el marketing, la Tv y medios de comunicación influyen en hábitos impuestos, sutilmente adoptados por todos. A mi modesto modo de ver y sentir, observo otro factores que rompe también el esquema pedagógico: Las prisas, lo urgente, lo inmediato. Y traslado la pregunta de los infantes a los mayores: “No nos asombra el tren de vida que llevan los adultos, y que repercute con gran fuerza en los infantes; me temo que Si (en mayúsculas).

    Gracias por la atención, saludos, Ramón.

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